En el silencio profundo de nuestro ser, donde la noche parece eterna, nace una luz milagrosa: una chispa dorada que danza entre las sombras, despertando los viejos susurros del universo. Esa luz eres tú. Luz pura y rebelde, con el poder de abrir grietas en la rutina, donde el tiempo se pliega y la realidad se vuelve un sueño.
Como un cuento tejido por la luz del sol —que para los antiguos egipcios era un dios, Ra—, en su bondad convirtió nuestras almas en jardines encantados, donde cada flor crece no solo con agua, sino con esperanza y con la promesa de renacer cada día, dando nuevos latidos de vida.
Esos miedos, esas dificultades, aquello que nos lleva un poco a la oscuridad o a la ausencia de esa luz, se disuelven en un río de oro. Ese río no es solo agua: es un cauce de energía pura que fluye desde lo más íntimo de nuestro ser, arrasando sombras y trayendo positividad, transformando la felicidad en cantos y versos suaves que renuevan la realidad.
Pablo Neruda, en uno de sus poemas, recitaba:
“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.
Así, cada destello de luz de esa primavera que viene a transformar nuestra vida, transforma también a las personas, los espacios y todo aquello que te atrevas a llenar de luz, vida y buena energía. La esencia misma del cosmos está contenida en tus suspiros, gestos y miradas, capaces de irradiar belleza a quienes te rodean.
Por eso, en NOIL queremos encender contigo esa luz y recordarte lo importante que eres para los demás y, sobre todo, para ti mismo.
- Michael Gómez