¿Te has dado cuenta de que nuestra mente suele estar tan absorta en sus propios pensamientos que rara vez se percata de lo que sucede a su alrededor? Día a día nos cruzamos con muchas personas sin realmente notarlas.
En una ciudad pequeña, podemos encontrarnos con entre 100 y 500 personas en un día normal. Ya sea en nuestra residencia, en el trabajo, en el gimnasio, en un restaurante, en un centro comercial o en un banco, compartimos espacios con otros, pero pocas veces somos conscientes de su presencia. Al igual que nosotros, cada persona está sumida en su propia mente, conviviendo con sus pensamientos, emociones y situaciones personales.
Hoy quiero compartir contigo una práctica valiosa que aprendí de Marianne Williamson. Ella menciona que todos los días bendice a las personas con las que se cruza, ya sea que las vea o interactúe con ellas. Lo hace mentalmente, enviando pensamientos de amor antes de entrar a una reunión o a cualquier espacio. No se necesita mucho, basta con desear algo positivo para esa persona.
Por ejemplo:
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Deseo que seas feliz.
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Deseo que sientas gratitud por tu vida y por lo que tienes.
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Deseo que disfrutes de una vida sana y abundante.
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Deseo que Dios te conceda eso que tanto anhelas.
Estas son solo algunas formas en las que podemos emanar energía positiva hacia otros a través de nuestros pensamientos. Un Curso de Milagros recalca la importancia de entregar nuestros pensamientos a Dios, al Espíritu Santo, al amor o a la energía divina, para que sea esa fuerza la que fluya a través de nosotros y bendiga a quienes nos rodean.
Te invito a intentarlo y a experimentar por ti mismo el poder de la bendición y del amor. Además, descubrirás que, al enviar amor, este regresa a ti multiplicado, llenándote de paz y gozo interior.